El otro lado de la esperanza

Aki Kaurismäki
Toivon tuolla puolen (2017) Finlandia

Por Vanessa Huerta Donado

Hace treinta años que Kaurismäki no va al cine. Él y sus películas se quedaron atrapados en el tiempo, en un pasado impreciso pero irrefutable, imposible de borrar. De no ser por la crisis de refugiados en Europa, tema central de El otro lado de la esperanza, pensaríamos que se trata de una de esas primeras cintas a color saturadas de tonos brillantes y claroscuros abruptos; incluso podríamos confundirla con una pieza representativa de la estética de la soledad al estilo de Edward Hopper, o con un retrato existencialista de los males nórdicos que afloran con el invierno. Pero no estaríamos más equivocados. El último filme de Kaurismäki es todo menos una cápsula de entretenimiento para nostálgicos.


A diferencia de las producciones comerciales que nos prometen un breve olvido del mundo, de los otros y de uno mismo, el cine de Kaurismäki muestra una extraña urgencia por interpelar al espectador en lo más profundo de su humanidad, por cambiar algo dentro de él para así cambiar algo de este mundo. Aunque en el fondo sabe que a través del cine se puede hacer muy poco o nada, nuestra obligación es intentarlo. “Perder con estilo”. “Hacer mierda, pero con sentido”. Por eso, al igual que Jim Jarmusch, Kaurismäki prefiere llevar a la pantalla grande el reino de los invisibles, de los subestimados y los segregados sociales, de todas esas personas laterales cuyas historias de vida nos muestran el reverso de las cosas.


En esta ocasión, y sin desperdiciar una gota del humor cáustico que lo caracteriza, el cineasta narra con aplomo los derroteros de Khaled, un refugiado sirio que busca asilo humanitario en Helsinki. Para Khaled el presente está vacío y el futuro es un enigma. Lo ha perdido todo y por eso es incapaz de comenzar a construir otra vida. En términos clínicos es un melancólico que ha quedado fijado en el pasado y vive de lo que atesora en su memoria, aunque tenga que ocultarlo frente a los demás. En Finlandia a los melancólicos los echan primero, por eso hay que fingir estar feliz y satisfecho, dispuestos a enraizar en el presente más vivo, a contribuir para la construcción del bien común, a participar de la sanidad de una nación rica, pacífica y civilizada, pero torpe y cobarde cuando se trata de responder al llamado del otro: el invasor, el extranjero, el judío, el delincuente.


En esta segunda entrega de la trilogía en torno a la migración y el exilio, Kaurismäki nos echa en cara a nosotros, “los buenos”, todos los prejuicios con los que operamos al vernos confrontados con la alteridad, pero también exalta los inesperados brotes de solidaridad, humanidad y ternura que colorean la travesía de aquellos que ha sido desplazados por la guerra, el hambre y la violencia. Mediante una trama de ritmo lento y sin deslumbre, parca en lo fundamental, anticuada y con un desenlace trágico y cómico al mismo tiempo, El otro lado de la esperanza nos ofrece la experiencia del cine como una utopía compartida, una comunión de compromisos e ideales que resuenan al unísono en la obscuridad de la sala. Un estilo que sin duda puede resultar aburrido para el ojo acostumbrado a la acción, pero sumamente disfrutable para los melancólicos que conservan el buen humor, para los pesimistas sosegados y los escépticos en busca de esperanza.

Author: ojopineal

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