Lou Andreas Salomé

Cordula Kablitz-Post (2016) Alemania

Por Vanessa Huerta Donado

Toda forma de violencia o actitud discriminatoria contra las mujeres tiene que ser denunciada, pero existen patrones tan sutiles, que resultan difíciles de identificar. Esta vez quisiera hablar de uno de esos tipos de machismo casi imperceptible, pero que no deja de caer gota por gota hasta horadar la tierra. Es el machismo intelectual engendrado en el seno de la racionalidad falogocéntrica, que le escatima a la mujer el papel pasivo de la musa o la madre; la santa o la puta, pero que jamás depositaría en ella el preciado valor la amistad filosófica.

Cuando Paul Rée, un médico y psicólogo suizo, conoce a Lou Andreas-Salomé, queda impresionado por sus avanzados conocimientos en materia filosófica y por su agudeza intelectual. Quedan de verse en secreto al día siguiente; él, con intenciones de galantería, ella con ganas de reanudar aquella charla de altos vuelos. Como era de esperarse, el encuentro termina mal: “Pero, ¡aún podemos ser amigos!”– grita Lou a lo lejos mientras Rée acelera el paso al ser rechazarlo por primera vez.

Que la opinión de una mujer se confunda con flirteo cuando se habla de temas filosóficos tiene que ver con el prejuicio de que la filosofía seria es cosa de hombres. Aunque desde la Ilustración ha sido bien visto que el ser humano, sin importar su género, despliegue su gusto por las ideas; lo cierto es que mientras los hombres discutían sobre los textos filosóficos más intrincados, las damas de la alta burguesía disponían de una versión light que se leía a la hora del té en un cuarto separado: el famoso Frauenzimmer. Tal parece que en boca de la mujer la filosofía era un adorno más para “agradar al hombre de mundo, una herramienta más para conquistar”, como llegó a decir Arthur Schopenhauer en su Arte de tratar a las mujeres.

Sin embargo, Lou Andreas-Salomé es el claro ejemplo de que “el placer de entender no está reservado al sexo masculino”. Ella iba directamente al texto y no al filósofo, aprendía todo lo que podía, y cuando por fin había igualado el ritmo de las ideas, se marchaba en busca de un nuevo reto intelectual. “Mal agradecida” la llama Nietzsche en una de sus cartas más purulentas, y como mal agradecida la sigue tratando la historia oficial de la filosofía, que, colmada de nombres masculinos, le reserva un espacio pequeño bajo título de la mujer “que fascinó a tres de los más grandes personajes de la cultura europea de su época: Nietzsche, Rilke y Freud.” ¿Es Lou Andreas Salomé la femme fatale de la filosofía, como a menudo se la recuerda? ¿Es que podemos inscribir su nombre junto al de figuras letales como Circe, Medea, Lilith, Pandora y la otra Salomé? De ningún modo.

El tópico central de la mujer fatal gira en torno al personaje femenino que usa sus habilidades de seducción para destruir al hombre que ama, aunque también puede obrar de manera bondadosa según sea su capricho. Mitad ángel mitad demonio, este ser intermedio que parece encarnar por momentos la reivindicación feminista de la mujer dueña de su sexualidad; en realidad constituye la fantasía de la mujer atractiva pero inaccesible, que precisamente por ello, “hay que tomar por fuerza.” Lamentablemente estas y otras construcciones, enraizadas hasta el fondo del imaginario masculino, resuelven la fascinación por la alteridad radical y fascinante propia de las almas no domesticadas, colocándolas por encima o por debajo de la situación, pero nunca de frente a frente, a una altura adecuada que permita reconocer en ella a un Tú.

Precisamente en contra de este tipo de reducciones, el biopic dirigido por Cordula Kablitz-Post busca convertir a Lou Andreas Salomé  en el centro de atención, mas no como especie de agujero negro en torno al cual se estructura el deseo masculino, sino como la mujer excepcional que fue. Sin embargo, la directora no acierta del todo en su intento por retratar las múltiples facetas de un personaje como Lou.

En primer lugar, aunque la película se enmarca en un contexto de reivindicación de figuras femeninas, no deja de sostenerse en torno a las eminencias masculinas presentes en la vida sentimental de Lou, dejando de lado la principal motivación de su vida: la producción intelectual. Por otro lado, ahí donde se libra una lucha existencial en defensa de la propia libertad e independencia, hay momentos que se confunden con egoísmo infantil, arrogancia y antipatía. Finalmente, el filme parece estar cifrado en clave psicoanalítica, ya que resuelve el enigma de la mujer rebelde apelando a cierta represión sexual combinada con el odio hacia la madre y la ausencia del padre, lo cual según diagnostica el mismo Freud, hace que mujeres como ella difícilmente dejen entrar a un hombre en sus vidas.

¿Es eso? ¿Es que Lou declina la propuesta de matrimonio de su primer mentor, Hendrik Gillot; del filósofo Friedrich Nietzsche y del psicólogo Paul Rée debido a la ausencia del falo primigenio que sirve de modelo para todos los demás falos? ¿No será que los rechazos de Lou así como su personalidad, audaz pero distante, “llena de autodominio frente a la sexualidad masculina”, son mas bien consecuencia de los años de resistencia dentro de una sociedad que juzga y rechaza a las mujeres como ella?

Autora de alrededor de 15 novelas y un par de documentos biográficos, así como de estudios filosóficos, literarios y psicoanalíticos, Lou Andreas Salomé ha sido invisibilizada  una vez más por su propio mito: el de la mujer bella e inteligente, que precisamente por ello, resulta letal para el sexo masculino. Sin duda se trata de una película demasiado convencional para una mujer poco convencional como Lou Andreas Salomé, quien fue un verdadero un ícono de subversión dentro de un orden simbólico que prefiere a la mujer dócil, pasiva, maternal y con la cabeza llena de asuntos superficiales.

Author: ojopinea

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