Jackie Brown: “You’ve got to be strong if you want to survive”

Quentin Tarantino (1997) EUA

Por Fernando Huesca Ramón

«El camino del hombre recto esta por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad saque a los débiles del Valle de la Oscuridad porque es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos, y tu sabrás que mi nombre es Yahvé cuando caiga mi venganza sobre ti.» Ezequiel 25:17

“Baudelaire se complace en la Venus negra precisamente porque la clásica es blanca”[1]. “A la vista de cómo ha degenerado la realidad, la inevitable esencia afirmativa del arte se ha vuelto insoportable”[2]; estas afirmaciones de José Ortega y Gasset y Theodor Adorno, respectivamente, muestran un par de motivos filosóficos relevantes para el enjuiciamiento del arte en nuestros días, o en términos un poco más técnicos, en una temporalidad y espacialidad determinadas de pie a cabezas por la Modernidad, un modo civilizatorio y una mentalidad que implican considerar a los ecosistemas naturales como carne de cañón para la industria y la tecnología, y a los seres humanos como máquinas de reproducción y mantenimiento de la industria, la tecnología y la productividad económica. El american way of life visto desde toda tradición filosófica seria implica un modo de cultura muy pobre a nivel de formación de la subjetividad y de la intersubjetividad, y un modo suicida de relación con la naturaleza. La negación de la sociedad actual o el Gran Rechazo[3] exclamado de manera profética por Herbert Marcuse, hacia toda complicidad inocente y feliz con las élites económicas y políticas del globo, parece ser un dictum filosófico-político necesario para una cualidad estética no meramente mercantil o apabullante por su colorido formal.

Jackie Brown es un filme llamativo en la serie de producciones de Quentin Tarantino: no vemos la violencia extrema de Pulp Fiction o Kill Bill, ni la jocosa criminalidad descarnada de Perros de reserva, o el contenido histórico-político de Bastardos sin gloria o Django sin cadenas; tal vez lo más políticamente incorrecto del filme es el uso de la palabra nigger; la única junkie es la chica surfista Melanie, y su abuso de la mota es entendible por el encierro en que Ordell la tiene. El propio director caracteriza a Jackie Brown como una “pieza de cámara”[4], lo que revela que este filme tiene un carácter más íntimo, más lírico que otras instancias del imaginario tarantinesco. La historia es sencilla, y si se quiere nada monumental: una mujer negra de 44 años, de bajos ingresos (parecería que 16,000 dólares al año es un salario mediocre para un ser humano de mediana edad en la sociedad norteamericana de la época), de nulas expectativas de movilidad o crecimiento, y con expediente criminal (ha sido pillada anteriormente contrabandeando droga en la industria aeronáutica y ahora ha sido encontrada como cómplice en una red internacional de tráfico de dinero y de armas), es vigilada y cooptada por la ley y el orden, para entregar a un traficante de armas de poca monta (Ordell Robbie), a cambio de poder mantener su anodino trabajo como azafata y de no pasar una desastrosa estancia en prisión, que la lanzaría todavía más abajo en la escala alimenticia de la sociedad capitalista. Entendiéndose cabalmente como atrapada entre la Escila del crimen organizado y la Caribdis de un sistema político corrupto e injusto, opta por trazar un ingenioso plan, con la complicidad del agente de fianzas Max Cherry para quedarse con la suma de medio millón de dólares que ha de servir como anzuelo para que los agentes federales Ray Nicolette y Mark Dargus atrapen a Ordell. Jackie se sale con la suya, no sin toda serie de peligros, sobresaltos y peripecias. Escapa a España sola con el dinero y su libertad; se podría decir que el filme no tiene un final feliz rosa, en la medida en que la tensión erótica entre Jackie y Max nunca se resuelve.  No hay standoff mexicano, sexo sadomasoquista  o bukake de sangre como uno podría esperar de parte del Tarantino más conocido, pero el resultado es interesante: un filme sin violencia extrema que muestra las contradicciones de raza y clase que llevan a los individuos marginados de las sociedades contemporáneas al borde del desquiciamiento.

La historia es muy familiar para los hijos de Latinoamérica y cualquier periferia en el mundo: persona de un sexo desaventajado, de un color de piel no privilegiado, pobre,  sin mayores estudios o contactos poderosos, se enfrenta a toda serie de abusos y presiones que la orillan a aceptar negocios ilícitos y transacciones dudosas, para salir adelante en el día a día y sobrevivir. Una confesión de Jackie es reveladora:

Vaya, he volado siete millones de millas. Y he estado esperando gente por casi veinte años. El mejor trabajo que pude tener después de que me atraparon fue Cabo Air, que es el peor trabajo que puedes obtener en esta industria. Hago alrededor de 16,000 con beneficios de retiros que no valen un carajo. Y ahora con este arresto acechándome, estoy asustada. Si pierdo mi trabajo tendré que comenzar todo de nuevo, pero no tengo nada con qué comenzar de nuevo. Quedaré atorada en cualquier cosa que pueda obtener. Y esa mierda da más miedo que Ordell.

Jackie no es Antígona, confrontada al tú por tú al jefe político supremo de la ciudad, o la valiente Louise de la Nueva Babilonia de Kozintsev y Trauberg, quien sin dudarlo toma el fusil para repeler los ataques del enemigo desde las barricadas de la Comuna de París. La historia del arte cinematográfico muestra una serie de magnas heroínas políticas que incluyen a Juana de Arco[5], a Rosa Luxemburg[6] y a La Miranda[7]. El drama político de Jackie no es el de pueblos, naciones, partidos políticos o minorías sexuales en defensa de un territorio; es sencillamente el de una mujer no-blanca contra un sistema socioeconómico y mentalidad que la relegan a la capa más baja y pantanosa del reino espiritual animal o sociedad civilizada, capitalista, burguesa, posfordista, etc., sin más alternativa que vivir y perecer sin gloria, con el acecho constante de quedarse sin pan, calzones y techo, o jugarse el todo o nada en una aventura criminal que le puede costar no sólo la libertad, sino la vida.

Siguiendo a Ortega y Gasset y a Adorno, no habría nada más insufrible que una obra cuyo protagonista fuera un buen ciudadano respetuoso de la ley, ejemplar hombre sobrio de familia y de  elevados ingresos, y persona decente, equilibrada y honorable. Los filmes negros y tarantinescos son un alivio frente al entretenimiento dominical esterilizado de la industria cultural; gángsters, junkies, narcotraficantes, renegados, trabajadores empobrecidos de moralidad ambivalente, en fin, “desechos sociales”[8] de todo tipo ofrecen un cuadro más vivo y dinámico, que describe mejor la esencia de la sociedad actual, que el más apabullante y financiado filme rosa o de drama de la cartelera promedio.

“Las virtudes monacales no son virtudes de este mundo”[9] sentencia el profesor Hegel; y sí; las virtudes de Jackie son de este mundo. El hombre blanco del lado de la ley,  y el hombre negro-blanco[10] del lado del crimen, ambos querían aprovecharse de Jackie y usarla; ella se chingó a los dos, con sagacidad, astucia, osadía y camaradería.

La madre de Tarantino (un chico brillante y renegado él mismo, que inició su carrera en la industria cinematográfica como empleado de mostrador en un videoclub) no censuraba el acceso de su hijo al cine; se podría extender su pedagogía como ética cultural: los filmes de Tarantino son para todos, para todas las edades, para todos los géneros, para todos los colores de piel, para todas las ideologías. La negación de la negación le da la razón política y estética a lo tarantinesco. Adorno el refunfuñante y Marcuse el mago dialéctico nos enseñan a sublimar el carácter de mercancía de los filmes de Tarantino y la industria cultural, al orientarlos hacia un valor de uso de sentido comunitario.


[1] Ortega y Gasset, La deshumanización del arte.

[2] Adorno, Teoría estética.

[3] Véase Marcuse, Ensayo sobre la liberación

[4] Peter Keough, Quentin Tarantino: Press Conference on Jackie Brown.

[5] Robert Bresson, Juana de arco (1953)

[6] Margarette von Trotta, Rosa Luxemburg (1986)

[7] Nigel Finch, Stonewall (1995)

[8] El mundo angosajón conoce la fórmula white trash para denominar a una generación de güeros inutilizables para los procesos económicos y sociales que requiere el modo capitalista de producción.

[9] Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Vorlesungen über die Philosophie des Rechts, Berlin 1819/1820.

[10] Véase Bolívar Echeverría, Modernidad y blanquitud, para el concepto de blanquitud negra, o Marcuse, Ensayo de la liberación, para el de burguesía negra.

Author: ojopineal

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