La hora del lobo (1968)

Por Daniela Flores Ugarte

Escena de la película La hora del lobo

A finales de los años sesenta Bergman realizó una de las películas que, por su alto contenido simbólico, puede ser etiquetada como una de las más oscuras y enigmáticas, no solo de su carrera cinematográfica, sino también dentro del llamado cine de autor y de las diversas manifestaciones del cine de horror. Su cine abarca, primordialmente, los problemas con los que los seres humanos nos enfrentamos día a día: cuestiones como vida, muerte, tiempo, existencia, identidad, arte y amor, por mencionar algunos. Ingmar recurre en este film – al menos eso se deja insinuar – al horror como género narrativo que muestra el sentimiento de angustia expresado en los rostros de los actores que encarnan sus personajes. La hora del lobo (Vargtimmen) es ejemplo de una historia que se agarra del horror para describir lo que el amor y el miedo pueden causar. Se filmó en 1968 en la Isla de Fårö ubicada al sudeste de Suecia, localidad de gran valor sentimental para el director, en la que, además de grabar varias de sus obras, habitó por varios años hasta su deceso en 2007. Se trata de un filme en el que, al contrario de muchos otros que se esfuerzan en subrayar que está “basada en hechos reales” (como si eso pudiese hacer a una película más “temible”), marca un énfasis advirtiendo al público que es la representación de una narrativa de ficción. O, al menos, así lo sugiere el ruido generado por el staff de filmación al acomodar los últimos detalles de la escenografía hasta que el alboroto es interrumpido por la voz del director: “¡Silencio, cámara y acción!” Un anuncio puede ser leído por el espectador. Este describe que el director se ha basado en dos cosas: primero en el relato de Alma, personaje encarnado por Liv Ullman, el cual expone la extraña desaparición de su esposo, el famoso artista (pintor) Johan Borg interpretado por Max Von Sydow y, segundo, en el diario de Borg, el cual fue entregado personalmente por su mujer. El relato comienza narrando la decisión de ambos de irse vivir en la isla de Baltrum (nombre ficticio de la isla en la que se va a desarrollar toda la película), casi exclusivamente habitada la pareja. La finalidad de mudarse a un lugar como ese era estimular la sensibilidad artística de Borg, pues últimamente se encontraba ansioso y deprimido. Alma cuenta que durante los primeros días el artista se sintió bien en el ambiente de la isla y, en este contexto, recibieron la noticia de que su hijo nacería pronto. Sin embargo, la tranquilidad no dura mucho tiempo, se esfuma rápidamente y, lo que viene, es algo totalmente inesperado, aterrador. Borg cree ver las huellas de un intruso, y después de varios días de malestar, él desaparece. La felicidad que ambos experimentaron a su llegada a la isla primero se va desvaneciendo y dejando lugar a un remolino de emociones y confusiones. Cuando la isla deja de surtir efecto en el artista las cosas se comienzan a desmoronar, Borg le muestra a Alma un boceto de los personajes de sus pesadillas, punto clave de la película y también de los momentos más angustiantes para el espectador porque no vemos, en ningún momento, esos dibujos (ni ninguno otro de sus trabajos pictóricos). Nos basta con la reacción despavorida de su esposa. En adelante, Borg comienza a ser acechado por lo más sombrío de sus pensamientos. Alma comienza a preocuparse por el estado mental de su esposo, independientemente de su poca capacidad para encontrar inspiración y pintar. En el momento menos esperado es visitada por una anciana de 216 años, digo, 76 –se corrige a sí misma la mujer de edad avanzada- ella le revela el escondite del diario de su marido. Alma lo lee y cuestiona la identidad de Borg porque se entera de su pasado. El artista pasa por los lapsos más difíciles al caer la noche, en ese momento su mujer descubre los traumas de su infancia, de sus pensamientos más profundos y de sus miedos, pero lo peor está por suceder. Un nuevo cartel anuncia lo que propiamente es llamado como la hora del lobo [Vargtimmen], que no es ninguna hora en específico, como en algunos otros filmes en donde, al marcar el reloj las 3:33 a.m., se indica el inicio de actividades sobrenaturales. La hora del lobo [Vargtimmen] provoca terror, es un momento ambiguo – no precisable con exactitud – pero de oscuridad, en el que el abismo entre las dicotomías más evidentes en la película se estrechan, incluyendo la de la vida y la muerte, el inicio y el fin de algo. Vargtimmen es también el momento más oscuro de la película, pues a pesar de que el Sol ya ilumina la casa, lo único que se aclara es el predominio de sentimientos negativos en el artista, así como la lucha de Alma por contrarrestarlos con su amor, lucha infructífera porque la hora del lobo [Vargtimmen] pesa más en la vida de Borg, quien además confiesa haber asesinado a un niño – ¿quizá en un sueño? Pero, ¿qué diferencia habría entre la sensación de haber asesinado? – cuya sola presencia le causaba desesperación. Esta puede ser la representación de una especie de ruptura que el artista pactó con su propia infancia. La cual, según él mismo afirma, estuvo plagada de injustos castigos que lo inundaban de dolor físico y psicológico. Borg quizá pensó que aniquilando su pasado acabaría también con la oscuridad que invadía a su mente. No obstante, el infanticidio no fue suficiente para saciar esta oscuridad y confusión que le provoca la hora del lobo, la cual constituye a Borg en lo más profundo de su ser. No es muy evidente la primera vez que se ve la película (para mí no lo fue), pero cada uno de los personajes le advierten a Borg de la condición por la que está pasando, por ejemplo, cuando al terminar el relato del niño asesinado llaman a la puerta y, a pesar de que “estaba cerrada con seguro”, el psiquiatra se presenta frente a ellos como si en realidad siempre hubiera estado ahí. O como cuando el supuesto pariente de Papageno hace hasta lo imposible (literalmente) para que Borg se percate de que él (el artista) ve lo que quiere, alucinando con unas enormes alas de pájaro que se extienden a los costados del fantasmal hombre. Finalmente se encuentra con Vogler, aquella mujer con la que ha deseado estar a lo largo de toda el tiempo transcurrido en la película, quien está tendida en una camilla, cubierta por completo con una sábana blanca. No importa si revivió o nunca estuvo muerta, pero “despierta” al sentir las caricias del pintor, riéndose de él en tono burlón al unísono de los demás personajes, tal cual si todo fuese un espectáculo planeado por ellos. Borg se detiene a pensar por un instante: se declara a sí mismo en el abismo de la locura. Trata de huir de sí mismo, de la hora del lobo. Huye al bosque y Alma lo persigue para protegerlo, también, de sí mismo, pero los personajes de sus pesadillas se lo llevan. Nunca más se supo de él; si está vivo o muerto o si está loco o si se ha encontrado con la musa que buscaba… “Cuando una mujer vive con un hombre mucho tiempo ¿Acaba pareciéndose a él? Ella le quiere, e intenta pensar como él. Ve lo que él ve. Eso puede cambiarte. ¿Por eso les veía yo? ¿O existían de verdad?” La tensión aumenta a cada minuto que habitan en la isla siendo constantes los sentimientos de angustia y terror que los protagonistas transmiten al espectador. Poco a poco, Bergman dibuja una serie de pistas que nos hacen cuestionar si los moradores de ese castillo son habitantes de la isla al igual que la pareja o si, quizá, son sólo parte de las alucinaciones causadas por la frustración de Borg a falta de inspiración. ¿Habría diferencia alguna diferencia real? Pero algo es seguro: el estado mental de Borg no sólo lo afecta a él, sino también a Alma, lo que retrata y refleja el problema de la convivencia en cualquier matrimonio.

Author: ojopinea

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