Nota editorial

Dalarna es el lugar donde los árboles y flores acompañan la travesía de Karin e Ingeri, en El Manantial de la doncella de Ingmar Bergman…

Los cerros de Tepoztlán observan el último movimiento de El Siete, en Post tenebras lux de Carlos Reygadas…

Junto al río Dniéper y los bosques Ucranianos, una cabra y una mariposa son testigos del vuelo de un niño, en La infancia de Iván de Andrei Tarkovsky…

Los severos bosques siberianos destilan una sacralidad que se extiende hasta el reverente cazador sin edad, en Dersú Uzala de Kurosawa…

Los árboles que sostienen al hijo, que a su vez sostiene a la moribunda madre, en la cinta de Sokurov…

Las hierbas que ocultan a los soldados en La delgada línea roja de Malick…

Los ríos de El abrazo de la serpiente de Guerra…

Los abedules y el pantano de La Tentación de Veiko Ounpuu…

Las ramas del bosque con las que juega Billy antes de mirar maravillado el vuelo del halcón… Semillas y vulbos que abrieron el corazón de la indolente Annie… San, la princesa Mononoke que va a la guerra en nombre de los dioses del bosque mancillado por la ciudad de hierro… El napalm matutino quemando los bosques y arrozales al mismo ritmo que consume la cordura de los hombres…

δάσος foresta
natūra
ةباغ
森林
רעי
лес


Tal vez nuestro Cerro de Amalucan no está destinado a convertirse en escenario de ensueño, una locación en la que resuelven los dilemas humanos. No importa. Los que escribimos en esta revista estamos en contra del parque que el gobierno estatal piensa construir en uno de los últimos bosques de la ciudad de Puebla.

Author: ojopinea

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