The Lobster

Yorgos Lanthimos
La langosta (2015) Grecia, Irlanda, Holanda, Reino Unido, Francia

Por Oscar Daniel Sandoval Flores

Yorgos Lanthimos ya había incurrido en el mundo cinematográfico con propuestas un tanto controversiales: padres que aterrorizan a sus hijos sobre los peligros del mundo exterior o personas dedicadas a llenar el espacio de los que ya se fueron, como forma de lidiar la ausencia de los seres queridos, son ejemplos de historias que pueden horrorizar (o mínimo hacer reflexionar) a quien las vea. Dada estas dos obras del griego, a saber, Doogtooth (2009) y Alps (2011), respectivamente, The lobster (2015) vendría a ser una película similar en temática controversial a las otras; incómoda para lo que llamamos amor, pues su propuesta nos inquiere sobre nuestra forma de pensar y asumir dicho sentimiento. ¿Por qué decir “te amo”? Es una pregunta que me surgió al final del filme.

En el mundo planteado por la película la soltería no debe existir, está tachada, es una aberración a lo cotidiano, a lo normal. Por lo tanto, los solteros son llevados a un hotel en el cual deben encontrar pareja a toda costa, esto significa: llegar a derramar sangre intencionalmente para encontrar afinidad con una chica que sangra por una malformación o cambiar radicalmente tu manera de ser para encontrar sintonía con una desalmada. Si no se encuentra pareja en 45 días, entonces eres convertido en el animal de tu preferencia. Esto va acompañado de toda una serie de prácticas psicológicas encaminadas a someter a los individuos al poder y sus dogmas. El rechazo de la soltería se vuelve en imperativo y, para ello, se  recurre a distintos mecanismos, por ejemplo: hacerte ver que la pareja puede serte de ayuda para cuando te ahogues o para evitar una violación; así como la incomodidad de desayunar y vestirse con una sola mano. Todas estas situaciones, y otras similares, son contadas como una comedia negra llena de humor e ironía (ya que lo paradójico de la cinta incita a la risa) a la vez que la obra va acompañada de una fotografía limpia, simétrica, cuidada y con luz clarificadora.

Como toda forma de establecimiento autoritario de un poder existe una oposición al mismo. El grupo desde el que vemos asomar desacuerdo ante el sistema – pues se hacen llamar los solitarios – se reúne en la soledad del bosque alrededor del mencionado hotel. (Las redundancias pretenden imitar lo irónico del filme). Sin embargo, esta resistencia será, como le sucede a muchas resistencias, igualmente catastrófica y autoritaria, aunque se enseñe justamente lo contrario al hotel, aunque se enseñe a aborrecer la vida en pareja. Ya Chris Cornell lo había cantado reading how we’ll die alone en la canción “like a stone” y éste será el lema de los solitarios: obligados a cavar su propia tumba para constantemente recordar que siempre estamos solos y “moriremos solos”. Esto me hizo pensar en lo paradójico de nuestras sociedades contemporáneas: gente aterrada con empezar una relación porque la anterior “los hizo sufrir” y no quieren repetir dicho horror; mientras otras personas le temen tanto a la soledad que prefieren estar con una pareja aun si esto implica dejar de ser uno mismo. Ambas posturas – quizá – simples consecuencias del poder que nos somete o al que oponemos resistencia. En la cinta la anterior situación, una oposición quizá a algo de ambos sistemas, corre a cargo de una pareja, interpretada por Rachel Weisz y Colin Farrell, este último de gran actuación. Pero así como hay oposición al poder, también hay represalias a esta oposición y el castigo será preguntarse ¿qué tanto se quiere a una persona para hacer algo por “amor”? ¿Amor a ella, amor a sí mismo o adopción de lo que se nos dice acerca del amor?

Para terminar, los créditos son acompañados por la melodía griega interpretada por Sophia Loren y  Tonis Marudas. La canción griega remitirá al punto central del banquete de Platón ¿qué es el amor? O mejor dicho a raíz de la película: ¿qué es lo que ellos llaman amor? La resonancia de la pregunta por el amor parece ser imperecedera, perenne, aquejó al filósofo ateniense y aqueja a una generación que parece no estar satisfecha con lo que se dice de él, (como ninguna generación). Los amorosos se avergüenzan de toda conformación dice Sabines. ¿Será que amamos realmente a alguien? O es que hoy en día la mesa para dos está más que preparada en los restaurantes; a los cines no se puede entrar con un boleto (los cines más populares), la propaganda sólo es para dos. Internet está plagado de artículos que proponen los beneficios de tener pareja o de estar sólo. ¿Lo primero visto por los solteros y lo segundo por los que tienen pareja? ¿Amamos o se nos pide no estar solos? ¿Hasta qué punto el amor no es sino una imposición de un poder dominante? ¿O será acaso la resistencia al mismo?

Author: ojopinea

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