Lea

(República Checa, 1996)

Director: Ivan Fíla

Por Ricardo Hernández

Hace muchos años Ivan Fíla despertó a las cuatro de la mañana y se puso a escribir un sueño. Al otro día mandó a productores y amigos un par de páginas con lo soñado. Todos le preguntaron si era una historia real y él contestó que sí, que conocía a la protagonista y había traducido sus poemas. En el festival de cine de Venecia, donde se proyectó la película Lea, le volvieron a preguntar si la historia estaba basada en la vida real y volvió a confirmarlo. 

   La película se divide en dos partes, breves escenas de la infancia y algunos momentos de juventud de una mujer llamada Lea. El inicio es demoledor, miramos rápidamente a la niña que vive en algún pueblo de Eslovaquia del este con su madre y la pareja de su madre. El varón de la casa es un personaje violento, tanto que la madre de Lea trata de huir con su hija.

   Una de las molestias del varón es no ser el padre biológico de Lea. Quería tener un hijo “suyo” y le incomoda la presencia ligera de la niña. La situación presenta la importancia que le hemos otorgado al asunto de la propiedad, pilar en nuestros sistemas contemporáneos, en el caso específico de la película es la herencia biológica el anhelo del no padre.  A veces en el camino del cuidar “a los nuestros” arrollamos a los otros, a esos seres vivos de enfrente que precisan igual atención. En discursos actuales, y en muchas películas, está bien visto pelear por los tuyos sin importar los daños colaterales, es un clásico, pero parte de la desdicha se inicia allí.

   El varón somete en algún momento a la niña Lea, hace sentir la diferencia de fuerza física y de poderes, otro clásico lamentable de nuestra cotidianidad. Pienso en las palabras de Rita Segato: “…la primera lección de poder y subordinación es el teatro familiar de las relaciones de género…”

   Hay en la fragilidad que expresa la niña Lea, quizás reforzada por su gusto por los papalotes, algo que me lleva a pensar en Billy, el protagonista de Kes. Esa película de Ken Loach es otra historia donde a un niño le cortan, en diferentes dimensiones, los vuelos.

   En un segundo tiempo vemos una Lea joven viviendo con unos vecinos. Algo pasó en la infancia que la separó de su primera familia. En esa época la vemos visitar frecuentemente un refugio natural, una especie de amplia madriguera cuya estructura son las raíces de un árbol muerto. La estampa del escondite es hermosa, velas y cartas completan el escenario. 

    Esas cartas, que responden a un pedido de la madre, jugarán un papel central en la historia. Lea ha escrito prolíficamente durante años y ha quedado sujeta a la escritura. Las hermosas poesías plasmadas en hojas enterradas tienen como contraparte la mudez de Lea.

“Sólo la hierba pregunta por qué no tengo esperanza.

Sólo la hierba pregunta por qué bailo con la muerte tras el carrizo.

Sólo la hierba pregunta por qué planto rosas salvajes en el desierto.

Sólo la hierba pregunta…”

   En el último tramo de la película Lea se enfrenta a otro varón, un hombre que la ha comprado y se ha casado con ella. El silencio de Lea, en ese matrimonio obligado, convoca de nuevo a la violencia. Pero a diferencia de los hombres anteriores con los que ha convivido, este esposo algo escucha. Si bien es un tipo rudo, que viene del ejército, trae un pendiente con el amor y lo busca desde su tosquedad. Tal vez la relación que se establece entre la joven muda y el amante de los disparos no esté destinada al fracaso total.

   Hoy en el mundo hay millones de personas viviendo en matrimonios forzados, organizaciones y defensores de derechos humanos lo consideran uno de los rostros de las nuevas esclavitudes. En la película, como en la vida diaria, hay mucha belleza que rodea, pero eso no es motivo para normalizar u olvidar las injusticias ¿O sí? Es decir, hay un punto de la cinta en la que el espectador ya está enganchado con la historia de amor y pareciera que Lea ha superado las bofetadas de la vida.

   En esta película la música experimental, responsabilidad de Petr Hapka, adquiere relevancia porque la melodía capta, quizás imagina, el movimiento anímico de la protagonista. Algunos sonidos que son cortes necesitan repetirse para dejar de lastimar, tanto cortaduras auditivas como visuales se guardan y se van transformando en la música de Lea. 

Author: ojopinea

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