Lovless

(Rusia, 2017)

Director: Andrey Zviagintsev

Por Fernando Huesca

“La Modernidad consiste en el asesinato de un niño.”

Walter Benjamin

Hegel en su estética destacaba cómo la producción literaria siempre ha sabido auxiliarse de una botella de champaña. Los conductores de trenes hacia los campos de concentración nazis narran cómo usaban cantidades industriales de alcohol para soportar los gritos desesperados de los prisioneros judíos. Freud, en su psicoanálisis desentrañó los mecanismos que subyacen al contacto de narcóticos con el cuerpo humano, y el principio de realidad – los valores, ideales, deberes éticos y moralidad imperante, impuestos al ser humano para vivir en sociedad. Condenado a vivir en sociedad, el hombre ha de usar narcóticos, sublimaciones o resignaciones para poder encontrar un nicho en el mundo. El reino espiritual animal (Hegel), este matadero feroz y  teatro de locos (Shakespeare) o mundo torcido (Black Sabbath), no es un paseo por el parque o un idílico picnic: depredadores, desastres naturales o una mala jugada del destino nos acechan a todos los vivientes sociales.

   Loveless, Nelyubov, Sin amor, filme de 2017 del cineasta ruso Andrey Zviagintsev. Nieve, agua, el reflejo de un enramado como en un cuadro de Monet, pero realista. Silencio. El inigualable ojo ruso para el paisaje. En la escuela los chicos salen corriendo, saludos. Nada fuera de lo normal en la pradera humana. El chico que protagoniza un drama de búsqueda de desaparecidos, en el seno de un drama familiar de divorcio, parece solamente un pequeño salvaje, un Rousseau de la era postindustrial, desvinculado de las redes virtuales que agrupan a lo acoplado de la manada humana; solamente que este joven ginebrino de las estepas orientales salió demasiado verde, o el mundo social  ha devenido demasiado culero…   

El drama familiar del divorcio no rebasa el promedio de la esencia de una ruptura matrimonial promedio cualquiera, cada quien en su mundo y con sus uñas, es el lema de la sociedad unidimensional capitalista (Marx, Marcuse). “-¿Resistiendo? – Qué te importa de todos modos.” Una mujer, como persona jurídica, afirma sus derechos irrestrictos a la individualidad y el sello personal. El marido le quiere zambutir al indeseado hijo único menor de edad (en una sociedad patriarcal las mujeres deben hacer toda serie de trabajos sucios de manera gratuita). Alrededor hay comisarios o trabajadores sociales que vigilarán el manejo del infante, de modo que marido y mujer deben pactar para no perder sus empleos y su respetabilidad social después del divorcio. Es lema dialéctico materialista que las clases medias adoptan los modos y mañas de las clases dominantes (hay que conservar la placa social ante todo). “No divorciarse es política corporativa.” Se puede contratar a una esposa por tiempo limitado para llevar a la cena de trabajo, pero jamás llegar divorciado (aguas que el patrón es cristiano ortodoxo). “No necesitas estudiar para ser un ministro público.” La hija de una  peluquera es sabia a pesar de problemática y refractaria a la escuela. Tiene sexo seguro. La madre en el divorcio, Zhenya, no fue tan inteligente: no quería tener al chico, pero el padre, Boris, la convenció. Alyosha, el niño no deseado, posiblemente era igualmente más listo incluso antes de nacer: luchó 24 horas para no caer en este mundo. Sin éxito.  El pequeño Alyosha deviene “el fugado”; un funcionario policial, recio de carácter, como todos los personajes en el filme, no se muestra sorprendido por el caso: se puede ser optimista, los chicos regresan a familias que ni se imagina

   Continuar con la ficha narrativa del filme, nos llevaría hasta los umbrales  de un infanticidio ritual. Moloch y Tláloc devoraban niños. Y seguro en una medida menor y menos cruel que las más modestas y maquilladas fichas de infanticidios en un lugar tercermundista como México (tan solo las muertes no naturales de niños en México en 2018 rondaron los 1,200 casos). En el mundo moderno, como evidencia Marx en sus atroces páginas sobre la explotación infantil en El capital, es más rapaz que otros mundos,  en lo que concierne a la sangre de niño[1]. El mundo sin Alyosha sigue su curso, la madre con su nueva pareja, un mayor con patrimonio y sin hijos problemáticos, y el padre con su nueva joven pareja embarazada. Su ficha de desaparecido envejece en la calle, seguramente como signo de la desaparición de su memoria. No solamente se muere de muerte, también se muere de frío, de silencio, de olvido, de soledad,  de carencia de reconocimiento, de falta de amor. “No se puede vivir sin amor”.

   Una bella noche estrellada el muchacho Heine de 22 años recién comido con café, le habla con entusiasmo a Herr Professor Hegel sobre las estrellas y la morada de la bienaventuranza en el cielo. El maestro refunfuña: “Las estrellas, hum, hum, las estrellas son solamente costras brillantes en el firmamento.” El joven Heine se consterna y pregunta si no puede haber un lugar feliz, donde el hombre sea recompensado por la virtud después de la muerte. El severo profesor responde “¿Quiere usted entonces recibir una propina por haber cuidado a su madre enferma y por no haber envenenado a su hermano?” No hay garantía terrena o ultraterrena de una teodicea, es decir, de una justificación teológica, o incluso, filosófica, de la existencia del mal en el mundo, del castigo del pecado, y del premio para la pureza del alma. El giro a la praxis de Marx, precisamente bebió de la renuncia a buscar una teodicea del mundo contemporáneo de los matrimonios desgarrados, y de las máquinas devoradoras de carne humana. El mundo es como es, es la enseñanza estética de todo realismo, desde el Balzac que Marx admiró, hasta Zviagintsev y su gris imaginario estético, donde las dachas idílicas de Tarkovsky se han convertido en cálculos de especulación de inversionistas globales (como en su Leviatàn), o en refugio de reptiles solitarios de la era estaliniana, como la abuela de Alyosha, quien recibe a la hija pródiga en busca de ayuda, con un cruel y patriarcal “¿Quieres teta?”.

   Todo realismo en el Arte[2] que no es socialista[3] tiene un elemento apocalíptico en su tuétano (hay algo de clausura epocal, de cierre de horizonte, de dialéctica de lo Viejo y lo Nuevo en El Rey Lear, Papá Goriot, Rojo y negro y Loveless):

-¿Qué piensas, habrá Fin del Mundo?

-Sin lugar a dudas[4]

   “Dios dijo que tenemos que compartir.” Zviagintsev no es un autor religioso, pero sus enigmas teológicos provenientes del Antiguo Testamento, rinden una evidencia política valiosa para la teoría crítica de la sociedad contemporánea: la humanidad, la superación de la brutalidad, la redención de lo oprimido, tienen condiciones materiales e históricas precisas. El suelo humano bajo las formaciones socioeconómicas de la ganancia privada y los aparatos gubernamentales de Estado, no parece más colorido en la vida cotidiana, que en los filmes realistas de Zviagintsev.

El sacrificio infantil no ha cesado en la Modernidad, solamente ha cambiado de formas,  contenidos, cualidades y cantidades. Lo pequeños salvajes escapados o los niños de catálogo psiquiátrico contemporáneo (ASD, ADD, ADHD, RAD, etc., etc.) son el eterno retorno de lo negativo, la imagen del sacrificio del niño[5],   en una sociedad capitalista postindustrial como la retratada por el cine de Zviagintsev.


Bibliografìa

Heine, Heinrich, Confesiones y memorias, Alba, Madrid, 2007.

Marx, Karl, Das Kapital, Kritik der politischen Ökonomie, Erster Band,  Karl Marx – Friedrich Engels Werke Band 23, Dietz Verlag,  Berlin, 1962.

Marcuse, Herbert. One dimensional man, Beacon Press, Boston, 1991.

Marcuse, Herbert, An Essay on Liberation, Beacon Press,  Boston, 1969.

Marcuse, Herbert, Counterrevolution and revolt, Beacon Press, Boston, 1972.

Lukács, Georg., “Arte y verdad objetiva”, en Lukács, G., Problemas del realismo, Fondo de cultura económica, México, 1966.

Lukács, Georg, “Entrevista: En casa, con György Lukács”, en Infranca, A., y Vedda, M., (eds.), Gyorgy Lukács, Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía, Herramienta, Argentina., 2003 .

Sheffe Edith, Asperger’s children, The origins of autism in nazi Vienna, W.W. Norton & Company, New York, 2018.


[1] “Hemos aludido ya al deterioro físico tanto de los niños y adolescentes como de las mujeres a quienes la maquinaria somete a la explotación del capital, primero de manera directa en las fábricas que han crecido rápidamente sobre la base de las máquinas, y luego, de manera indirecta, en todos los demás ramos de la industria. Por eso, aquí nos detendremos únicamente en un punto, el referente a la enorme mortalidad de niños de obreros en sus primeros años de vida. Hay en Inglaterra 16 distritos del registro civil en los que el promedio anual de defunciones por cada 100.000 niños vivos de menos de un año es sólo de 9.000 (en un distrito, sólo 7.047), en 24 distritos más de 10.000 pero menos de 11.000; en 39 distritos más de 11.000, pero sin llegar a 12.000, en 48 distritos entre 12.000 y 13.000; en 22 distritos más de 20.000; en 25, más de 21.000; en 17, más de 22.000; en 11, por encima de 23.000; en Hoo, Wolverhampton, Ashton-under-Lyne y Preston, más de 24.000, en Nottingham, Stockport y Bradford más de 25.000, en Wisbeach 26.000 y en Manchester 26.125. Como lo demostró una investigación médica oficial en 1861, las altas tasas de mortalidad principalmente se deben, si se hace abstracción de circunstancias locales, a la ocupación extradomiciliaria de las madres, con el consiguiente descuido y maltrato de los niños, como por ejemplo alimentación inadecuada, carencia alimentaria, suministro de opiáceos, etc., a lo que debe agregarse el antinatural desapego que las madres experimentan por sus hijos, lo que tiene por consecuencia casos de privación alimentaria y envenenamiento intencionales. En los distritos agrícolas «donde sólo trabaja un mínimo de mujeres, la tasa de mortalidad es, por el contrario, la más baja». La comisión investigadora de 1861, sin embargo, llegó a la conclusión inesperada de que en algunos distritos exclusivamente agrícolas sobre las costas del Mar del Norte, la tasa de mortalidad de niños menores de un año casi alcanzaba la de los distritos fabriles de peor renombre. Se encomendó por ello al doctor Julian Hunter que investigara el fenómeno en el lugar de los hechos. Su informe quedó incluido dentro del «Sixth Report on Public Health». Hasta entonces se había conjeturado que eran la malaria y otras enfermedades endémicas en zonas bajas y pantanosas lo que diezmaba a los niños. La investigación arrojó precisamente el resultado contrario, o sea «que la misma causa que erradicó la malaria, esto es, la transformación del suelo pantanoso durante el invierno y de áridos pastizales durante el verano en fértil tierra triguera, provocó la extraordinaria tasa de mortalidad entre los lactantes». Los 70 médicos prácticos interrogados por el doctor Hunter en esos distritos estaban «asombrosamente de acuerdo» respecto a este punto.” Karl Marx, Das Kapital. Libro I, Capìtulo XIII

[2] Marcuse enseña a diferenciar el Arte, del arte. El primero es un ejercicio de reflexión crítica hacia el presente, un juego serio con y entre las formas, una experimentación cuidadosa con el mundo, traducida a imaginarios comunicables a otros, una denuncia de la brutalidad y de la destrucción de vida, un Gran Rechazo a que lo humano sea aplastado por el poder ciego o la mano traidora. El arte, producto estético sin negatividad alguna,  puede ser mero producto mercantil, oportunismo de ocasión política, u onanismo asalariado.

[3] Los marginados huérfanos  de Makarenko encontraron a final de cuentas un nicho de vida. Al socialismo como al desmadre son todos bienvenidos. Especialmente los desahuciados.

[4] Andrey Zviagintsev, Sin amor, 2017.

[5] Hans Asperger, padre del concepto contemporáneo de espectro autista fue colaborador activo con los nazis y un empleador impune de las categorías aberrantes nazis para la “vida no apta”, cuyo destino natural  era el exterminio.   

Author: ojopineal

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