Rusia animada (o algo así)

Por: Conrado Parraguirre

No hace muchos años, navegando en la red, encontré una animación rusa en stop motion. Era una película algo antigua, pero para el año en que fue hecha –pensé en aquel momento– tenía muy buena técnica. Así que decidí buscarla de nuevo para hablar de ella, pero dado que no presté atención al nombre de la cinta, ni al del director, y mi memoria es harto dudosa; tuve que optar por la contemporánea y genérica búsqueda en google. Y fue ahí donde caí –valga la expresión– en el agujero de conejo.

Yo sabía que Rusia tenía algo de tradición en el stop motion (he incluso me atrevería a decir que cierta estética lúgubre y obscura en algunas animaciones influenciaron a Tim Burton), pero nunca imaginé que el repertorio y la cantidad de estilos fuera tan basta.

Por desventura no hay mucha investigación en el tema. Un artículo en wikipedia, un texto firmado por Sara Márquez Fontecilla, y un documental sobre la propaganda comunista en la animación, fue lo único que pude encontrar.

Supongo que una de las razones por las cuales no se han hecho investigaciones sobre la animación rusa, se debe principalmente al hecho de que una gran parte de lo producido en dicho país, bajo el régimen comunista, tenía tintes propagandísticos. Aunque es posible ver algunas de
las animaciones en youtube, la mayoría apenas están subtituladas al inglés (vaya ironía).

Un par de ejemplos de ello son los cortometrajes Someone else’s voice (1949), y Shooting range (1979). En el primero se narra la historia de una ave, que tras llegar del extranjero a Rusia interpreta música de jazz, lo que provoca la ira de la audiencia haciendo que está salga volando para atacarlo. Esto es debido a que aquel género de música era considerado parte del capitalismo y estaba prohibido.

Otro caso en el que los animadores se las ingeniaron para incluir (al menos en parte) otro género de música vetado, fue Los músicos de Bremen (1969) una adaptación del cuento de los hermanos Grimm en donde se puede escuchar música de rock ‘n’ roll.

El corto animado Shooting range, del director Vladimir Tarasov, es una alegoría (bastante vigente) sobre como el sistema capitalista tiene en la mira al individuo para no dejarlo ser libre. El protagonista es un desempleado que encuentra trabajo en un establecimiento de tiro al blanco, en donde se ve obligado a acomodar los objetivos mientras esquiva las balas (por cierto, en un entrevista el director de dicha animación
ha comentado que el personaje principal usa una gorra roja en referencia a Holden Caulfield, de la novela El guardián entre el centeno).

No obstante, las limitaciones por incluir elementos ajenos al régimen, la parte artística de muchos cortos gozan de un valor sin precedentes, lejanos a lo que se producía en Estados Unidos o Japón, la libertad creadora no obedecía a cuestiones comerciales, lo cual permitió una experimentación en el género que rara vez es posible apreciar. La versión rusa de Winnie the Pooh, se aleja de lo realizado por los estudios Walt Disney. Los escenario no buscan ser realistas y las texturas empleadas le dan una plasticidad única. Además, en la versión creada por la Unión Soviética, el famoso osito es más reflexivo. Está es una característica de muchas producciones de la época. La mayoría de las animaciones tenían un matiz marcadamente existencialista.

En la animación Mama (1972) de Roman Kachanov, se puede esbozar una crítica de aquel tiempo. Una madre deja a su hijo solo en casa para conseguir alimentos. Y aquí hay elementos claros de lo que representaba la Unión Soviética. Uno de ellos se puede apreciar cuando la caja registradora se atasca, y el dependiente llama a su ayudante para auxiliarlo, éste último saca un martillo para golpear la máquina y echarla a andar de nuevo. Mientras esto sucede, el niño que ha quedado sólo en casa, es testigo presencial de un robo; un sujeto llega, empieza a husmear en el departamento, he incluso se ve asistido por el infante para salir con su botín. Después de todo lo anterior la madre regresa a casa, y su vástago duerme. El ruido de una paloma golpeando la ventana despierta al niño, la madre que apenas puede conseguir lo necesario para sobrevivir llora. La expresión de miles de rusos que vivieron en aquel momento yace contenida ahí.

Algunas animaciones fueron hechas bajo el ojo de Stalin. Y aprovecho para hacer una digresión. Me pregunto si acaso esa anécdota del cocainómano escritor Bulgakov, será cierta. Cansado de la persecución, el autor de La guardia blanca, le escribió al mandatario para que le ayudase, no obtuvo otra misiva como respuesta, sino que el mismísimo Iosef Vissariónovich, le marcó por teléfono para atender su petición. Al parecer las cosas salieron bien (solo por un momento), porque después sus puestas en escena regresaron a la censura. A propósito de Mijaíl Bulgákov, existe una miniserie bastante recomendable, inspirada en uno de sus libros, A Young Doctor’s Notebook (2012), interpretada por el actor Daniel Radcliffe y Jon Hamm. Aquí se expone más claramente su afición por la morfina, pero esa es levadura para otra masa.

En fin, con respecto a la animación Rusa, aún hay mucho por abordar, y no quisiera dejar pasar una obra sumamente representativa: El erizo en la niebla. Una animación que técnicamente esta muy bien realizada, y por el lado de la narrativa, me atrevo a decir, es bellamente poética. Un trabajo imprescindible para quien gusta del stop motion y del séptimo arte en general.

Bueno, no encontré la película de la que originalmente quería hablar, pero hallé mucho otro material para que el diálogo siga circulando. Rusia sigue siendo un país lleno de sobresaltos, y no hay que olvidar que antes que Putin, existió Rasputín.

Author: ojopineal

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