Ven y mira

(URSS, 1985)

Director: Elem Klímov

Por: Oscar Daniel Sandoval Flores

Muchas veces el ejemplo es más eficaz que las palabras para conmover los corazones de hombres y mujeres.
Pedro Abelardo, Historia de mis desventuras

Wolfgang Amadeus Mozart se encontraba en la antesala de la muerte cuando compuso una de las piezas musicales más recordadas de él: el Requiem (KV 626). Este es un género muy cultivado que hacía presencia en la missa pro defunctis, ceremonias donde se le daba el último adiós al fallecido. La estructura de la obra consta de varios momentos de los cuales uno es llamado lacrimosa. Su letra vela así:

Lacrimosa dies illa,
Qua resurget ex favilla
Judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus:
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem. Amen.

Lamentable el día que resurjan de las cenizas los hombres para ser juzgados, ten compasión de ellos, Señor, y concédeles el descanso eterno… Esta traducción puede no estar exacta, pero para para los fines de aquí, será más que interesante. Esta pieza nos acompañará en el final de la película que hace presencia aquí: Ven y mira (1985) del soviético director Elem Klímov. No podremos ser tan indiferentes con la letra de la Lacrimosa una vez que hemos terminado de ver esta película. En efecto, esta letra cobra relevancia cuando vemos por qué está incluida en esta obra maestra de Klímov. Para llegar a este momento, a el clímax de la película, debemos aguantar todo lo que el director tiene que contarnos, aunque en una entrevista reveló: “Terminé filmando una versión ligera de la verdad. Si hubiera mostrado todo lo que vi, y mostrado la verdad entera, ni yo hubiera podido verla” El juicio que se presenta al final traspasará la pantalla y se espera que las reflexiones abunden, que el espectador no quede indiferente con lo que ve, quizá por eso, también, se llama Ven y mira, tan simple pero tan preciso título para una película que busca ser vista aun cuando sepamos que habla de la guerra y muchas películas hay ya de la guerra… pero pocas o ninguna como ella.

Ven y mira habla de la Segunda Guerra Mundial desde los ojos de un niño bielorruso. Florya que, por un juego, halla el camino que lo llevará a la locura, al deterioro de su rostro y su espíritu y al odio. El viejo de la primera secuencia advertirá las preguntas que todo el mundo se hizo sobre el nazismo: ¿qué les pasa? ¿están locos? ¿qué hacen? Aunque las preguntas van dirigidas a los niños que se encuentran jugando, más adelante, estas preguntas podrán constatarse como metáforas. Florya decide enlistarse en las filas bielorrusas para enfrentar a los alemanes. Los bielorrusos encontraron en el verano de 1943 su actividad más latente, más rebelde. Florya así como casi todo personaje que es filmado se reconoce como tal, mira a la cámara como si estuviera mirando a los ojos de cada uno de los espectadores. Los primeros planos abundan la película, la función del primer plano hace resaltar el rostro de los personajes y en esta película logra su cometido. Prácticamente encontramos pocas tomas abiertas o extreme long shot, y puede que esto encuentre su porqué en el hecho de remarcarnos la presencia de nuestro protagonista. No vamos a parar de ver su rostro y esto conforme a la duración de la película iremos encontrando la respuesta, una cruda y sorprendente respuesta.

Las secuencias son complejas como lo demanda una obra así; son ellas las que hablan acompañadas por recursos cinematográficos como el sonido, la fotografía, la música, los personajes, etc. Si estamos dispuestos a detallar cada plano sería magnífico y hermoso, a la vez que terrorífico, y si no, también, cada quien sabe cómo disfrutar una película de la manera que más le plazca. Pero bueno, supongamos que gustan de detallar una película, creo que Ven y mira sería una gran propuesta para realizar esto. Ahora bien, quizá yo detalle algunos aspectos, serán los que yo percibí porque al final de todo me fascina detallar el cine; pero esto no se hace de algún modo arbitrariamente, sino para incitar a ver una de las mejores películas bélicas que se han realizado. Si tengo que decir algo así es que con la película me ahogué, me faltó el aire y hasta cierto punto la película dialogó con mi vida, creo que hablaron de la muerte y de si existe Dios o si hay algún paraíso, creo que resaltaron a Dante y su recorrido y ensalzaron los detalles de la Divina comedia. Creo que hablaron también de qué sucedería si se cumpliese el veredicto de la Lacrimosa de Mozart si nuestra carta de presentación fuera la Segunda Guerra Mundial, pero bueno, me dormí, eran asuntos que no tenía que escuchar y hasta cierto punto no quería escuchar. Aunque creo que todo se acomoda para que nos asfixiemos. Klímov pone de relieve que también podemos horrorizarnos sin ver, con sólo escuchar ya podemos sumergirnos en el horror de una guerra, y no sólo de las balas o de las bombas detonando y alzando tierra por doquier, sino que los sollozos de la gente pueblerina del lugar, las lágrimas, los gritos, las plegarias son motivo de incomodidad. Para remarcarnos esto, el director agrega escenas que pretender ser vistas y en algún punto remarcar lo que el guion ya nos está diciendo: la incomodidad de Florya en su entorno y consigo mismo. La escena donde aparece el personaje que sabiendo un poco de historia cualquiera podría reconocer brinda otro aspecto narrativo a la trama, tomando ese entorno punzante y asfixiante creado en la historia se quiere inculpar a ese personaje con un juicio moral, el juicio tiene la fuerza de muchas personas gritando con el más puro odio. Es tan incómoda y angustiante la secuencia como escuchar Revolution 9 de los Beatles.

Otro aspecto relevante de la película de acuerdo con su contexto, es decir, la Segunda Guerra Mundial es la localización. No nos encontramos en una ciudad, ante el majestuoso horror de una ciudad destruida que ya de por sí es impactante, sino que nos ubicamos en un pueblo, en medio de la nada, en el lugar perdido por el ojo común, donde llega lo más escaso, por no decir, nada. Este es el perfecto sitio para cometer los horrores que sólo quien quiera verse por sobre los demás puede realizar, el lugar donde si les va bien hay noticias, de las cuales pueden obtener un poco de atención del mundo, pero no sucede así: a la anciana de la cama nunca sabremos si alguien la llega a apoyar después del acto que para los nazis fue “gracioso” Así pues ¿quién se acordará de ese pueblo? ¿Quién llegará a levantar los cuerpos de las víctimas de la supremacía? Verlo desde ese punto puede ser pesimista, y claro, habrá quienes difieran de aquella postura, pero creo que no es para menos, a veces no es muy grato recordar las “tonterías” que cometiste por lograr tu cometido… pero bueno.

Para terminar, hay que mencionar algo importante. Aquí no hay Schindler para salvar a quienes la muerte se les ha impuesto arbitrariamente, aunque él mejor que nadie se reconoció inepto por salvar a algunos de miles que murieron; aquí no hay diario que nos narre la guerra a ojos de una niña, el diario son las vivencias mismas, vivencias que quizá en su paso a una hoja se pierda mucho contenido; aquí no hay padre que le recuerda a su hijo lo bello que es vivir, porque el niño de esta película parece tener sólo el recuerdo de su padre y no más; aquí hay un niño viejo, como Benjamin Button, que ojalá sólo haya nacido viejo y no lo hubieran hecho viejo, un niño que se perpetúa; hay un momento de la película que nos dice “esto no cambiará, esto seguirá pasando mientras niños se vayan incorporando” es decir, ¿qué cambiaremos para que ya no hayas niños en las filas de combatientes para cualquier cosa? ¿qué cambiaremos para no repetir una guerra más? Quizá sea agudeza (o pedantería) el vivir la escena del juicio del niño cuando detona por única vez su arma, se encuentra frente a frente con él, lo tiene entre las cuerdas porque apenas es un infante, si lo hubieran detenido ahí, ¿no habría ocurrido la Segunda Guerra Mundial? O qué hubiera sucedido si hacemos caso lo que cuentan por ahí, que parece se ha vuelto un mito, que Freud recomendó terapia a Adolf Hitler ¿eso hubiera cambiado algo en la historia?

Author: ojopineal

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